Hola a todos,
tras unos cuantos días de descanso, de disfrutar de los últimos días que me quedan de verano y de pocas novedades en el frente, me gustaría dedicar este post para dar mi opinión, completamente personal, sobre el injusto y desesperante sistema de adjudicación de plazas al que los alumnos que queremos estudiar carreras con mucha demanda como Medicina o Enfermería nos vemos sometidos.
Me imagino que sabréis que una vez que salen las notas de la PAU hay que hacer la preinscripción en aquellas universidades y grados en los que estarías interesado en poder entrar. Esa preinscripción es cómoda dentro de tu propia comunidad pero bastante liosa y llena de burocracia si quieres formalizar la solicitud en otra comunidad autónoma.
Dejando ese tema, que visto lo visto, es el menor de los problemas, una vez terminado el plazo de preinscripción, que unos sitios termina antes, en otro después, haciéndolo todo bastante complicado, salen las listas, independientes en cada comunidad, algunas a mediados de mes de julio, otras a principios y otras a finales. Otro caos. Tienes que estar muy pendiente de qué días salen las listas en cada una de las comunidades en las que has echado solicitud porque si eres admitido y no te matriculas, pierdas la plaza, sin ningún tipo de miramientos.
Es normal que tengan que existir plazos, es más, veo adecuado que sean limitados, por eso de agilizar pero, ¿es normal que cada comunidad autónoma tenga fechas distintas? Teniendo en cuenta que la nota de la Selectividad nos sirve a nivel nacional, lo lógico es que todas las universidades y comunidades estuvieran sincronizadas, sacando el mismo número de listas en las mismas fechas y con el mismo periodo de matriculación.
Pero no. Hay comunidades como Cantabria que publican 4 listas antes del parón de Agosto(donde ninguna facultad salvo Asturias, a finales, publica ninguna lista) mientras que Castilla y León o Andalucía sólo publican dos antes de ese mes.
Las listas de admitidos provocan grandes alegrías para aquellos, obviamente que han sido admitidos. Pero, como un alumno, que supongamos, tiene una nota excelente en PAU, puede echar solicutudes en todas las comunidades que desee(y me parece completamente normal) él aparecerá en todas las primera listas de admitidos y no desaparecerá de allí hasta que salgan las siguientes, en ocasiones, a más de un mes de distancia. El alumno que ha sido admitido está feliz de la vida, y normal, pero ¿qué pasa con aquel que se encuentra en lista de espera? ¿Qué tipo de verano, de merecido descanso puede tener una persona que no va a saber si está cerca o no de cumplir su sueño hasta dentro de un mes, suponiendo que todo saliera bien?
En una época en la que todo, absolutamente todo está informatizado. En la que nuestros datos se mueven muy rápido entre servidores y todo está conectado a golpe de click, ¿por qué no existen más listas? ¿Por qué no se pueden ir actualizando los puestos en lista de espera a medida que la gente va renunciando a la plaza? ¿Por qué existe un parón administrativo en agosto tan grande que provoca el desazón de miles de personas que no saben si van a poder aspirar a una plaza? ¿Por qué, sabiendo que las universidades tienen información muy útil acerca del número de renuncias, acerca de la gente que va a entrar en la siguiente lista, acerca de la siguiente nota de corte, no publican todos esos datos para el descanso de muchísimos alumnos? ¿Por qué es necesario llamar, pelearte con funcionarios de administración, llevarte malos ratos, para enterarte de que vas a poder entrar o no en la carrera que tú quieres?
Como ya os conté, yo, oficialmente sigo en lista de espera. Pero sé que en la siguiente lista entraré porque llamé y me facilitaron una información que pueden darla a cualquier persona pero que no la hacen accesible sino te mojas, llamas y te enfadas un poco con ellos.
Yo a partir de esa llamada comencé a dormir bien, respiré, aliviado, porque sabía que ya estaba dentro, el sistema lo decía según me dijo el funcionario. Pero no puedo dejar de pensar en la gente que está por delante mío en la lista que cree que todavía puede no entrar y que hasta el 5 de septiembre no va saber nada, o la gente que está por detrás mío, sufriendo, estresada, y que, en muchos casos, va a entrar, tarde o temprano, va a entrar.
miércoles, 31 de agosto de 2016
martes, 9 de agosto de 2016
La Odisea
Jamás pensé que para poder optar a una plaza en el sistema educativo universitario español hiciera falta sacarse algo parecido a un master en informática e interpretación de la lengua castellana. He llegado a pensar, incluso, que era más difícil echar la preinscripción en un universidad de otra comunidad que la propia carrera.
Con mis notas de PAU en la mano decidí realizar la preinscripción en universidades de medicina tanto de mi comunidad, Castilla y León como en algunas de fuera. Deciros que yo soy de Valladolid y por supuesto puse de primera opción la facultad de medicina de aquí, no sólo por la cercanía, por no tener que moverme de mi ciudad y por no hacer una sangría económica a mis padres sino también por la facultad de aquí, por su calidad y por lo buenos hospitales que hay en esta comunidad. Como segunda opción puse la Universidad de Salamanca, aunque si no entraba aquí en Valladolid tampoco iba a entrar en Salamanca. Como tercera puse enfermería en la UVa y a partir de ese puesto puse carreras como Química, Física, Matemáticas, Biotecnología, Biología, carreras a las que podía optar al haber cursado la doble vía.
Eché solicitud en la Universidad de Cantabria y también en la de Oviedo.
Como os comenté en el post anterior, yo durante todo el proceso de preinscripción estaba de viaje y las primeras listas de todas las comunidades salieron en el transcurso de éste.
Las primeras listas fueron un caos.
No entré en ninguna facultad de medicina de todas las que había echado preinscripción y lo que más me preocupaba, en la de Valladolid, me había quedado en el número de espera 192. Me entró una ansiedad y un nerviosismo que no se lo deseo a nadie. ¡¡NO IBA A ENTRAR EN MEDICINA!!
Volví de viaje y me pasaba las horas mirando foros como el de www.casimedicos.com , una página muy recomendable para todo aquel que quiera estudiar Medicina e incluso otras ciencias relacionadas con la salud. En el foro dan muchísima información, la gente siempre está dispuesta a responder tus dudas y hay expertos que estiman las notas de corte de manera bastante acertada. Además existe un Observatorio en el que con las notas que los usuarios envían de forma anónima, se elaboran una serie de listas de espera muy interesantes y muy preciadas ya que las universidades no facilitan nada de información(algo de lo que hablaré en el siguiente post). En esos foros, todo el mundo me decía que no me preocupase, que entrar, entraría, pero que a lo mejor la cosa se alargaba hasta octubre o incluso noviembre. Eso me daba pavor.
Yo, en la primera lista, había sido admitido en enfermería en Valladolid. El grado de enfermería me parece muy interesante pero las asignaturas no me llenaban, sinceramente, no me veía estudiando esa carrera. Pero sino quería perder la plaza en la UVa debía matricularme allí y eso hice.
Tras dos semanas de espera y de mucho pesimismo, la verdad, las segundas listas fueron llegando e iba subiendo en los puestos de la lista de espera como la espuma. La última lista era la de Castilla y León, la más importante para mí. Hacía unos días habían sacado un comunicado diciendo que habían admitido en la facultad a 319 para 185 plazas, algo que hizo que me sintiese aun peor. Estaba muy mal posicionado, no iba a entrar...
El caso es que el día de publicación de las listas llegó y con él una gran sorpresa. Del 192 pasé, de un plumazo, al puesto 62. FLIPA CHAVAL.
La verdad es que casi lloro de la alegría. El puesto 62 era muy buena posición, tendría que esperar más o menos hasta finales de septiembre.
Pero el mejor momento del mes llegó dos días después, cuando en el foro leía comentarios de gente que llamaba a las facultades para preguntar cuanta gente había renunciado a la plaza tras el periodo de matriculación y así hacerse una idea de cuantos puestos iba a correr la lista. Y eso hice. Llamé al negociado de la facultad, me preguntaron mi nombre, mi nota y mi puesto en la lista de espera y un señor muy simpático me dijo:
'Chaval, aquí ya pone que estás admitido, el seis de septiembre te pasas por aquí y haces la matrícula'
Mira, casi me da algo de la felicidad que me entró de repente. Creo que me colgó de las veces que le grité '¡¡Gracias, gracias, gracias, gracias!!'
¡¡¡¡ESTOY DENTRO DE MEDICINAAAAAAAAA!!!!
Y así se acabo la odisea para entrar en la facultad. Ahora, sólo toca esperar a que empiecen las clases. Tengo unas ganas...
Y todos estos post que he ido publicando son la historia de como ha sido mi etapa de estudio intensivo, mi etapa de PAU y mi etapa de la admisión. Me gustaría seguir con el blog los próximos seis años y contaros todas las vivencias, todas las experiencias, todas las cosas que me vayan pasando. Empiezo el curso el cinco de septiembre así que en menos de un mes tendréis noticias mías para contaros cómo ha sido mi primer día de mi nueva facultad. ¡¡Espero que me sigáis!! ¡¡Bienvenidos a todos!!
Con mis notas de PAU en la mano decidí realizar la preinscripción en universidades de medicina tanto de mi comunidad, Castilla y León como en algunas de fuera. Deciros que yo soy de Valladolid y por supuesto puse de primera opción la facultad de medicina de aquí, no sólo por la cercanía, por no tener que moverme de mi ciudad y por no hacer una sangría económica a mis padres sino también por la facultad de aquí, por su calidad y por lo buenos hospitales que hay en esta comunidad. Como segunda opción puse la Universidad de Salamanca, aunque si no entraba aquí en Valladolid tampoco iba a entrar en Salamanca. Como tercera puse enfermería en la UVa y a partir de ese puesto puse carreras como Química, Física, Matemáticas, Biotecnología, Biología, carreras a las que podía optar al haber cursado la doble vía.
Eché solicitud en la Universidad de Cantabria y también en la de Oviedo.
Como os comenté en el post anterior, yo durante todo el proceso de preinscripción estaba de viaje y las primeras listas de todas las comunidades salieron en el transcurso de éste.
Las primeras listas fueron un caos.
No entré en ninguna facultad de medicina de todas las que había echado preinscripción y lo que más me preocupaba, en la de Valladolid, me había quedado en el número de espera 192. Me entró una ansiedad y un nerviosismo que no se lo deseo a nadie. ¡¡NO IBA A ENTRAR EN MEDICINA!!
Volví de viaje y me pasaba las horas mirando foros como el de www.casimedicos.com , una página muy recomendable para todo aquel que quiera estudiar Medicina e incluso otras ciencias relacionadas con la salud. En el foro dan muchísima información, la gente siempre está dispuesta a responder tus dudas y hay expertos que estiman las notas de corte de manera bastante acertada. Además existe un Observatorio en el que con las notas que los usuarios envían de forma anónima, se elaboran una serie de listas de espera muy interesantes y muy preciadas ya que las universidades no facilitan nada de información(algo de lo que hablaré en el siguiente post). En esos foros, todo el mundo me decía que no me preocupase, que entrar, entraría, pero que a lo mejor la cosa se alargaba hasta octubre o incluso noviembre. Eso me daba pavor.
Yo, en la primera lista, había sido admitido en enfermería en Valladolid. El grado de enfermería me parece muy interesante pero las asignaturas no me llenaban, sinceramente, no me veía estudiando esa carrera. Pero sino quería perder la plaza en la UVa debía matricularme allí y eso hice.
Tras dos semanas de espera y de mucho pesimismo, la verdad, las segundas listas fueron llegando e iba subiendo en los puestos de la lista de espera como la espuma. La última lista era la de Castilla y León, la más importante para mí. Hacía unos días habían sacado un comunicado diciendo que habían admitido en la facultad a 319 para 185 plazas, algo que hizo que me sintiese aun peor. Estaba muy mal posicionado, no iba a entrar...
El caso es que el día de publicación de las listas llegó y con él una gran sorpresa. Del 192 pasé, de un plumazo, al puesto 62. FLIPA CHAVAL.
La verdad es que casi lloro de la alegría. El puesto 62 era muy buena posición, tendría que esperar más o menos hasta finales de septiembre.
Pero el mejor momento del mes llegó dos días después, cuando en el foro leía comentarios de gente que llamaba a las facultades para preguntar cuanta gente había renunciado a la plaza tras el periodo de matriculación y así hacerse una idea de cuantos puestos iba a correr la lista. Y eso hice. Llamé al negociado de la facultad, me preguntaron mi nombre, mi nota y mi puesto en la lista de espera y un señor muy simpático me dijo:
'Chaval, aquí ya pone que estás admitido, el seis de septiembre te pasas por aquí y haces la matrícula'
Mira, casi me da algo de la felicidad que me entró de repente. Creo que me colgó de las veces que le grité '¡¡Gracias, gracias, gracias, gracias!!'
¡¡¡¡ESTOY DENTRO DE MEDICINAAAAAAAAA!!!!
Y así se acabo la odisea para entrar en la facultad. Ahora, sólo toca esperar a que empiecen las clases. Tengo unas ganas...
Y todos estos post que he ido publicando son la historia de como ha sido mi etapa de estudio intensivo, mi etapa de PAU y mi etapa de la admisión. Me gustaría seguir con el blog los próximos seis años y contaros todas las vivencias, todas las experiencias, todas las cosas que me vayan pasando. Empiezo el curso el cinco de septiembre así que en menos de un mes tendréis noticias mías para contaros cómo ha sido mi primer día de mi nueva facultad. ¡¡Espero que me sigáis!! ¡¡Bienvenidos a todos!!
lunes, 8 de agosto de 2016
Prueba de Acceso a la Universidad y otras historias
Cuando terminó 2º de Bachillerato, llegó la graduación, momento muy esperado por todos. Ese fin de semana fue una locura, todo fiesta y más fiesta y el cansancio y las ojeras comenzaron a aparecer el domingo por la tarde.
Tras un curso duro como el que acababa de pasar, lo menos que te apetece es volver a coger los libros de nuevo. Nos acostumbramos muy rápido al descanso, el finde de la graduación había sido agotador pero era el primer fin de semana en mucho tiempo que no cogía un mísero libro. Decidí darme un par de días de descanso más, estaba saturado, y sabía que no podía comenzar a estudiar tan pronto, no iba a llegar vivo al inicio de las pruebas sino.
Mi comunidad, Castilla y León, para variar, es siempre la última en todo y por eso, las pruebas fueron el 14, 15 y 16 de junio de 2016, mientras personas conocidas de otras comunidades comenzaban ya el largo y esperado verano.
Esos días no hizo mucho calor, una bendición, y la verdad es que se me pasaron más rápido de lo que pensaba pero fueron igual o más angustiosos de lo que creía que iban a ser.
Lengua, Historia e Inglés el primer día.
Física y Química el segundo.
Mates y Biología el tercero.
Sí, me presenté por tres específicas aunque por mi salud mental sólo me preparé dos, dejé química, uno de los errores más grandes que he cometido este año, pero de todo se aprende.
Para seros sinceros, no estaba contento con como me había salido la PAU. En casi todos los exámenes del curso salía muy satisfecho, sin dudar acerca de nada. Luego los resultados pueden ser muy distintos a tus percepciones pero en ese caso no salía para nada satisfecho y dudaba hasta de si había puesto mi DNI bien.
Al contrario de lo que le suele pasar a otra gente, yo me iba poniendo cada vez más nervioso a medida que iban a pasando los exámenes. Por lo general, en la primera prueba que suele ser la de Lengua, vas un poco cagado, literal. No fue mi caso, me fui mentalizando durante los días previos a no ponerme nervioso en ninguna ocasión y lo cumplí, aunque sólo en los primeros.
Como os digo, la PAU no fue mi momento más brillante. Pero bueno, tampoco podía hundirme ni tirarme de los pelos. Hasta que no salieran las notas, no podría saber de primera mano como de graves habían sido los 'daños'.
Una semana después, a las cinco en punto de la tarde, las notas de la PAU fueron publicadas y no era capaz de abrir la aplicación para mirar mis calificaciones. Me era imposible. Al final, con los ojos medio cerrados vi qué había sacado en cada una de las asignaturas y...
No sabía si reír o llorar. Las notas eran muy buenas y echando un vistazo global, tenía que estar feliz, muy feliz, por haber tenido semejantes notas.
Pero no, no estaba feliz. Eran buenas notas pero, ¿sería suficiente?
Decidí agarra el toro por los cuernos(¿qué mas podía hacer?) y al día siguiente fui al instituto a hablar con los profesores para volver a hacer los exámenes en los que consideraba que tendría que tener más nota. De esta forma, sabría en qué asignaturas debía pedir una doble corrección.
Tras un curso duro como el que acababa de pasar, lo menos que te apetece es volver a coger los libros de nuevo. Nos acostumbramos muy rápido al descanso, el finde de la graduación había sido agotador pero era el primer fin de semana en mucho tiempo que no cogía un mísero libro. Decidí darme un par de días de descanso más, estaba saturado, y sabía que no podía comenzar a estudiar tan pronto, no iba a llegar vivo al inicio de las pruebas sino.
Mi comunidad, Castilla y León, para variar, es siempre la última en todo y por eso, las pruebas fueron el 14, 15 y 16 de junio de 2016, mientras personas conocidas de otras comunidades comenzaban ya el largo y esperado verano.
Esos días no hizo mucho calor, una bendición, y la verdad es que se me pasaron más rápido de lo que pensaba pero fueron igual o más angustiosos de lo que creía que iban a ser.
Lengua, Historia e Inglés el primer día.
Física y Química el segundo.
Mates y Biología el tercero.
Sí, me presenté por tres específicas aunque por mi salud mental sólo me preparé dos, dejé química, uno de los errores más grandes que he cometido este año, pero de todo se aprende.
Para seros sinceros, no estaba contento con como me había salido la PAU. En casi todos los exámenes del curso salía muy satisfecho, sin dudar acerca de nada. Luego los resultados pueden ser muy distintos a tus percepciones pero en ese caso no salía para nada satisfecho y dudaba hasta de si había puesto mi DNI bien.
Al contrario de lo que le suele pasar a otra gente, yo me iba poniendo cada vez más nervioso a medida que iban a pasando los exámenes. Por lo general, en la primera prueba que suele ser la de Lengua, vas un poco cagado, literal. No fue mi caso, me fui mentalizando durante los días previos a no ponerme nervioso en ninguna ocasión y lo cumplí, aunque sólo en los primeros.
Como os digo, la PAU no fue mi momento más brillante. Pero bueno, tampoco podía hundirme ni tirarme de los pelos. Hasta que no salieran las notas, no podría saber de primera mano como de graves habían sido los 'daños'.
Una semana después, a las cinco en punto de la tarde, las notas de la PAU fueron publicadas y no era capaz de abrir la aplicación para mirar mis calificaciones. Me era imposible. Al final, con los ojos medio cerrados vi qué había sacado en cada una de las asignaturas y...
No sabía si reír o llorar. Las notas eran muy buenas y echando un vistazo global, tenía que estar feliz, muy feliz, por haber tenido semejantes notas.
Pero no, no estaba feliz. Eran buenas notas pero, ¿sería suficiente?
Decidí agarra el toro por los cuernos(¿qué mas podía hacer?) y al día siguiente fui al instituto a hablar con los profesores para volver a hacer los exámenes en los que consideraba que tendría que tener más nota. De esta forma, sabría en qué asignaturas debía pedir una doble corrección.
jueves, 4 de agosto de 2016
El año de las sorpresas (2º de Bachillerato)
Cuando vas a empezar 2º de Bachillerato todo el mundo lo pinta como 'El peor curso de tu vida' o también 'El curso en el que todo el mundo te citará la Selectividad veinte veces al día'. Un tópico. Pero, siempre hablando desde mi experiencia personal, segundo de bachillerato ha significado para mí el curso más vibrante, más emocionante, más duro y más divertido de mi vida. Ha sido un punto de inflexión. Ha sido el momento en el que he dejado de no creer en mí. Y me ha ido muy bien haciendo eso.
El verano, no os lo negaré, fue difícil. No lo considero un buen verano. Pero el curso llegó, nuevo, como si fuera un regalo, envuelto en bienvenidas, idas y venidas de profesores y sobre todo, lleno de nerviosismo, mucho nerviosismo. Cuando comienzas segundo sabes lo que te espera al final. Cosas buenas y cosas malas. Te espera la graduación, te espera la recompensa a todo tu trabajo, te espera el mejor verano de tu vida. Pero antes de eso, viene la PAU. Temida PAU. Temida e ignorada PAU.
Como os comenté en el anterior post, elegí, un poco a lo loco pero tras darlo muchas vueltas, la opción de la doble vía. Me cambiaron de la clase de salud a la clase de tecnológico ya que tenía física y los horarios, sino, serían incompatibles. Estuve en clase con muchos de mis amigos y menos mal, pero también he tenido que aguantar mucho. La doble vía no es sencilla. Es accesible y no soy de los que dice que 'es sólo para buenos alumnos', eso es falso, cualquiera puede hacerlo, pero no es sencilla. Es muy dura. Y muy exigente. Como dije también en el anterior post, coger la doble vía ha sido una de las mejores cosas que he hecho. ¿Las razones?
En primer lugar, soy un persona a la que le gustan los números, los problemas, la lógica. Eso es muy importante pues aunque matemáticas y física, asignaturas inexistentes en la vía sanitaria de bachillerato, tienen alguna parte teórica, todo gira en torno a problemas. No me gusta estudiar de memoria. No me gusta aprenderme tochazos y soltarlos en un examen. Por eso cogí esas asignaturas. La opción de CTMA no me llamaba en absoluto. Además, si cogía esa vía, tendría que hacer una optativa que en mi caso era obligatoriamente economía de primero de bachillerato, una asignatura poco útil, pues no te puedes presentar por ella en la PAU.
Otra de las razones por las que elegía la doble vía fue la gran cantidad de puertas que se me abrían. Al fin y al cabo, al estudiar esas asignaturas, se me abrían las puertas tanto de carreras del ámbito de salud(a las que yo quería acceder) pero también carreras dentro del ámbito tecnológico, que no descartaba en absoluto como plan B si no conseguía nota para hacer medicina.
Otra razón es que la clase del biológico había degenerado mucho, la gente se peleaba por las notas, había malos rollos y prefería cambiarme a una clase un poco más 'gamberra' pero mucho más interesante y feliz.
Además, como he dicho, muchos de mis amigos estaban en el tecnológico y mi novia también decidió coger la doble vía por lo que problemas con la nueva clase no es que fuera a tener.
Al principio fue todo muy difícil. Mientras había compañeros que podían relajarse con asignaturas optativas, tú estabas siempre de la ceca a la meca, de allá para acá, que si física, que si biología, que si química... Mucha gente no era muy receptiva a la doble vía y siempre, a los de esta opción nos han tachado de enchufados. Son cosas que hay que sufrir, a no todo el mundo le puedes caer bien. Mientras tengas un objetivo claro, esto te tiene que dar completamente igual. En mi caso, yo sabía que quería hacer medicina. Sabía que tenía que estudiar. Y lo hacía. Sabía que las buenas notas no eran fruto de ningún tipo de enchufismo sino de mi esfuerzo. Y mientras tú, como estudiante y como persona, tengas claro eso, que digan lo que quieran.
Pasó el primer trimestre y las notas no fueron malas. Sabía en qué tenía qué subir y en qué mantenerme. Y así lo hice. A pesar de querer ir a mi rollo, muchas veces me he sentido tentado a discutir con alguien por esa estúpida competitividad insana que algunos llevan de serie. Sacaba buenas notas y la gente de mi alrededor se alegraba, pero no toda. He perdido amigos porque no aceptaban que sacara buenas notas. Y no es que ellos las sacaran malas, en muchas ocasiones eran iguales, pero hay gente, que por desgracia, no le basta con eso. Como digo, he perdido amistades por eso, no quería a gente así a mi lado. Lo peor de todo es que una de esas amistades era alguien de toda la vida, un chico que siempre ha sido de sobresalientes y que en el instituto no destacó. Me intentó hundir bastante pero no, a esas personas hay que mantenerlas lejos.
Entre este tipo de historias, el segundo trimestre pasó, mucho mejor que el anterior. Y cuando llegaron las notas yo estaba muy contento. La promesa que me hice a principio de curso, aquella de dar todo de mí para después no poder arrepentirme, estaba dando sus frutos.
Pero segundo de bachillerato no da un respiro. La materia es muy amplia pero hay que darla toda, pues toda cae en PAU. Así que cuando me quise dar cuenta estaba en el tercer trimestre, casi terminando. Tuve que hacer bastantes exámenes finales. Y, un día, nos citaron a todos para darnos la nota y en ese momento tuvo lugar la gran sorpresa del año. La verdad es que no podía haber tenido mejores notas, y es verdad, no se podía tener notas más altas. La media de bachillerato me salía un nueve y medio y todo iba viento en popa. En este momento es cuando te acuerdas de mirar atrás y recordar todos los momentos en los que dudas de uno mismo, en los que llegaste a pensar que esos comentarios de esa gente dañina eran verdad. Segundo de bachillerato me enseñó que si yo soy consciente de lo que soy capaz de lograr, ¿de qué dudo?
Obviamente, la carrera de obstáculos hasta alcanzar mi sueño no acababa ahí. La PAU, sigilosa, estaba más cerca que nunca aunque no lo negaré, las notas me ayudaron a motivarme, a pegar el último sprint, a pegar el salto e intentar amarrarme a lo que yo quería alcanzar: medicina.
El verano, no os lo negaré, fue difícil. No lo considero un buen verano. Pero el curso llegó, nuevo, como si fuera un regalo, envuelto en bienvenidas, idas y venidas de profesores y sobre todo, lleno de nerviosismo, mucho nerviosismo. Cuando comienzas segundo sabes lo que te espera al final. Cosas buenas y cosas malas. Te espera la graduación, te espera la recompensa a todo tu trabajo, te espera el mejor verano de tu vida. Pero antes de eso, viene la PAU. Temida PAU. Temida e ignorada PAU.
Como os comenté en el anterior post, elegí, un poco a lo loco pero tras darlo muchas vueltas, la opción de la doble vía. Me cambiaron de la clase de salud a la clase de tecnológico ya que tenía física y los horarios, sino, serían incompatibles. Estuve en clase con muchos de mis amigos y menos mal, pero también he tenido que aguantar mucho. La doble vía no es sencilla. Es accesible y no soy de los que dice que 'es sólo para buenos alumnos', eso es falso, cualquiera puede hacerlo, pero no es sencilla. Es muy dura. Y muy exigente. Como dije también en el anterior post, coger la doble vía ha sido una de las mejores cosas que he hecho. ¿Las razones?
En primer lugar, soy un persona a la que le gustan los números, los problemas, la lógica. Eso es muy importante pues aunque matemáticas y física, asignaturas inexistentes en la vía sanitaria de bachillerato, tienen alguna parte teórica, todo gira en torno a problemas. No me gusta estudiar de memoria. No me gusta aprenderme tochazos y soltarlos en un examen. Por eso cogí esas asignaturas. La opción de CTMA no me llamaba en absoluto. Además, si cogía esa vía, tendría que hacer una optativa que en mi caso era obligatoriamente economía de primero de bachillerato, una asignatura poco útil, pues no te puedes presentar por ella en la PAU.
Otra de las razones por las que elegía la doble vía fue la gran cantidad de puertas que se me abrían. Al fin y al cabo, al estudiar esas asignaturas, se me abrían las puertas tanto de carreras del ámbito de salud(a las que yo quería acceder) pero también carreras dentro del ámbito tecnológico, que no descartaba en absoluto como plan B si no conseguía nota para hacer medicina.
Otra razón es que la clase del biológico había degenerado mucho, la gente se peleaba por las notas, había malos rollos y prefería cambiarme a una clase un poco más 'gamberra' pero mucho más interesante y feliz.
Además, como he dicho, muchos de mis amigos estaban en el tecnológico y mi novia también decidió coger la doble vía por lo que problemas con la nueva clase no es que fuera a tener.
Al principio fue todo muy difícil. Mientras había compañeros que podían relajarse con asignaturas optativas, tú estabas siempre de la ceca a la meca, de allá para acá, que si física, que si biología, que si química... Mucha gente no era muy receptiva a la doble vía y siempre, a los de esta opción nos han tachado de enchufados. Son cosas que hay que sufrir, a no todo el mundo le puedes caer bien. Mientras tengas un objetivo claro, esto te tiene que dar completamente igual. En mi caso, yo sabía que quería hacer medicina. Sabía que tenía que estudiar. Y lo hacía. Sabía que las buenas notas no eran fruto de ningún tipo de enchufismo sino de mi esfuerzo. Y mientras tú, como estudiante y como persona, tengas claro eso, que digan lo que quieran.
Pasó el primer trimestre y las notas no fueron malas. Sabía en qué tenía qué subir y en qué mantenerme. Y así lo hice. A pesar de querer ir a mi rollo, muchas veces me he sentido tentado a discutir con alguien por esa estúpida competitividad insana que algunos llevan de serie. Sacaba buenas notas y la gente de mi alrededor se alegraba, pero no toda. He perdido amigos porque no aceptaban que sacara buenas notas. Y no es que ellos las sacaran malas, en muchas ocasiones eran iguales, pero hay gente, que por desgracia, no le basta con eso. Como digo, he perdido amistades por eso, no quería a gente así a mi lado. Lo peor de todo es que una de esas amistades era alguien de toda la vida, un chico que siempre ha sido de sobresalientes y que en el instituto no destacó. Me intentó hundir bastante pero no, a esas personas hay que mantenerlas lejos.
Entre este tipo de historias, el segundo trimestre pasó, mucho mejor que el anterior. Y cuando llegaron las notas yo estaba muy contento. La promesa que me hice a principio de curso, aquella de dar todo de mí para después no poder arrepentirme, estaba dando sus frutos.
Pero segundo de bachillerato no da un respiro. La materia es muy amplia pero hay que darla toda, pues toda cae en PAU. Así que cuando me quise dar cuenta estaba en el tercer trimestre, casi terminando. Tuve que hacer bastantes exámenes finales. Y, un día, nos citaron a todos para darnos la nota y en ese momento tuvo lugar la gran sorpresa del año. La verdad es que no podía haber tenido mejores notas, y es verdad, no se podía tener notas más altas. La media de bachillerato me salía un nueve y medio y todo iba viento en popa. En este momento es cuando te acuerdas de mirar atrás y recordar todos los momentos en los que dudas de uno mismo, en los que llegaste a pensar que esos comentarios de esa gente dañina eran verdad. Segundo de bachillerato me enseñó que si yo soy consciente de lo que soy capaz de lograr, ¿de qué dudo?
Obviamente, la carrera de obstáculos hasta alcanzar mi sueño no acababa ahí. La PAU, sigilosa, estaba más cerca que nunca aunque no lo negaré, las notas me ayudaron a motivarme, a pegar el último sprint, a pegar el salto e intentar amarrarme a lo que yo quería alcanzar: medicina.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Los inicios siempre fueron complicados, o no (1º de Bachillerato)
Mucho antes de empezar bachillerato yo ya quería ser médico. Siempre me han apasionado los hospitales, los quirófanos, las batas blancas, impolutas, la emoción de poder ayudar, lo grandioso que debe ser salvar una vida. Lo que pasa es que cuando llevas mucho soñando con algo comienzas a dar las cosas por hecho y puede que llegues a pensar que ya estás en ello, o que con sólo un par de años más de estudio comenzará a hacerse realidad todo lo que llevas teniendo en mente tanto tiempo.
Pero no, porque de repente, justo cuando crees que el sueño está ahí, a dos años, empieza el primer paso. Todo comienza mucho antes de lo que esperabas y te das cuenta que hacer lo que tú quieres depende de esos dos años. De todo lo que trabajes. De todo lo que te esfuerces. Y, ¿por qué no? De la suerte que tengas, del instituto que tengas, de los profesores que te toquen y de la gente que te rodea.
Y zas, empieza así, de repente. Y en septiembre comienzas en un sitio completamente nuevo, con gente completamente nueva y sintiéndote completamente solo.
'¿Y así, y aquí, tengo que sacar yo notazas?'
Y no lo negaré: te vienes abajo. Pero una de las cosas más bonitas de los dos años de instituto es el conocer gente y hacer nuevos amigos. Y eso es lo que haces. Y te aferras a ellos. Y cuando te quieres dar cuenta, los primeros exámenes llegan y el juego comienza.
Mi primer trimestre no fue radiante ni mucho menos. El desánimo fue real. Si que es verdad que con todas las novedades el estudio se hacía un poco cuesta arriba. Y cuando te entregan el boletín de notas... Uf, ¿qué he hecho yo estos tres meses? Adiós Medicina, adiós, adiós, adiós...
Pero tío, ¿me lo estás diciendo en serio? De verdad comienzas a renunciar a tu sueño cuando sólo llevas un maldito trimestre jugando a este nuevo juego. Y zas, cuando me quise dar cuenta, las Navidades pasaron y otra vez llegaron los exámenes y los bordé. Y el boletín de notas llegó y yo no podía estar más contento. Medicina parecía un poco más posible. Pero, en este mundo, los momentos de alegría hay que aprovecharlos porque duran poco. Y en este caso, los típicos buitres carroñeros, frustrados por tu pequeño éxito comienzan a sobrevolar y a soltar sus típicos 'Con esas notas no llegas, ni de coña'. Lo peor que puede pasar es que uno de esos buitres se camufle como uno de tus amigos y se haga mayor hasta convertirse en un pequeño quiste que al final terminas sacando pero que duele, porque lleva ahí demasiado tiempo. Pero se tiene que ir. Porque una de las cosas que más claras tengo es que todo lo que llevo conseguido hasta ahora no hubiera sido posible sin gente que te apoya, que está ahí y que te quiere de verdad, incondicionalmente y que te repite, una y otra vez una de las cosas que a mí más me ayudo a no volverme un poquillo loco: 'Un número en forma de nota no te define'. Y es verdad, ¿qué pasa si con esas notas no entraba en Medicina(algo que era falso)? ¿Acaso no tenía otro año para subir esos dichosos numeritos que terminas odiando? Eso numeritos no te definen. Te defines tú en el día a día. Te define el tesón que empleas para volver a estudiar una asignatura que se te ha atravesado. Te define la humildad ante los éxitos. Te define la fuerza antes los fracasos. No te define una nota.
Y con la mente plagada de ese tipo de pensamientos llega el tercer trimestre y los exámenes finales y de repente has terminado. Has terminado primero de bachillerato de Ciencias de la Salud sin problemas, sano y salvo, con más gente a tu alrededor que con la que entraste, y con un largo verano por delante para descansar.
Pero antes te tienen que dar las notas. Un 33,33% del trabajo estaba hecho, sólo quedaba segundo y PAU. Pero, ¿y si las notas no son como esperaban? Y pasó, pasó que no fueron tan buenas como yo esperaba y me hundí. Jamás había estudiando tanto. Me lo había currado. Había echado el resto en los finales. Y eso no se reflejaba en mis notas. Estaba dolido. Pero, a veces, Dios, el Espíritu Santo, tu madre, el director o un profesor que siempre está despistado hasta que deja de estarlo te dice 'Hey, a mí no me salen las cuentas'. Y pasa que donde ponía un nueve debería poner un diez y donde pone un ocho, un nueve, porque a veces, aunque no lo queramos admitir, la tecnología y los dedos humanos fallan. Y terminé primero de bachillerato con un nueve de media. Feliz pero también con una cierta espinita clavada y una vocecilla que me decía 'Aprieta, aprieta, el año que viene aprieta todo lo que puedas para que, en caso de que al final salga mal la cosa, nunca te puedas arrepentir de haber no estudiado más' Y eso hice. Elegí mis asignaturas para el año siguiente. Me decanté por la famosa 'doble vía' (mates, física, biología y química) algo criticado por los famosos buitres. Pero, y esto os lo digo con total sinceridad, elegir la doble vía ha sido una de las mejores decisiones que he tomado.
Y así acabé primero de bachillerato.
Pero no, porque de repente, justo cuando crees que el sueño está ahí, a dos años, empieza el primer paso. Todo comienza mucho antes de lo que esperabas y te das cuenta que hacer lo que tú quieres depende de esos dos años. De todo lo que trabajes. De todo lo que te esfuerces. Y, ¿por qué no? De la suerte que tengas, del instituto que tengas, de los profesores que te toquen y de la gente que te rodea.
Y zas, empieza así, de repente. Y en septiembre comienzas en un sitio completamente nuevo, con gente completamente nueva y sintiéndote completamente solo.
'¿Y así, y aquí, tengo que sacar yo notazas?'
Y no lo negaré: te vienes abajo. Pero una de las cosas más bonitas de los dos años de instituto es el conocer gente y hacer nuevos amigos. Y eso es lo que haces. Y te aferras a ellos. Y cuando te quieres dar cuenta, los primeros exámenes llegan y el juego comienza.
Mi primer trimestre no fue radiante ni mucho menos. El desánimo fue real. Si que es verdad que con todas las novedades el estudio se hacía un poco cuesta arriba. Y cuando te entregan el boletín de notas... Uf, ¿qué he hecho yo estos tres meses? Adiós Medicina, adiós, adiós, adiós...
Pero tío, ¿me lo estás diciendo en serio? De verdad comienzas a renunciar a tu sueño cuando sólo llevas un maldito trimestre jugando a este nuevo juego. Y zas, cuando me quise dar cuenta, las Navidades pasaron y otra vez llegaron los exámenes y los bordé. Y el boletín de notas llegó y yo no podía estar más contento. Medicina parecía un poco más posible. Pero, en este mundo, los momentos de alegría hay que aprovecharlos porque duran poco. Y en este caso, los típicos buitres carroñeros, frustrados por tu pequeño éxito comienzan a sobrevolar y a soltar sus típicos 'Con esas notas no llegas, ni de coña'. Lo peor que puede pasar es que uno de esos buitres se camufle como uno de tus amigos y se haga mayor hasta convertirse en un pequeño quiste que al final terminas sacando pero que duele, porque lleva ahí demasiado tiempo. Pero se tiene que ir. Porque una de las cosas que más claras tengo es que todo lo que llevo conseguido hasta ahora no hubiera sido posible sin gente que te apoya, que está ahí y que te quiere de verdad, incondicionalmente y que te repite, una y otra vez una de las cosas que a mí más me ayudo a no volverme un poquillo loco: 'Un número en forma de nota no te define'. Y es verdad, ¿qué pasa si con esas notas no entraba en Medicina(algo que era falso)? ¿Acaso no tenía otro año para subir esos dichosos numeritos que terminas odiando? Eso numeritos no te definen. Te defines tú en el día a día. Te define el tesón que empleas para volver a estudiar una asignatura que se te ha atravesado. Te define la humildad ante los éxitos. Te define la fuerza antes los fracasos. No te define una nota.
Y con la mente plagada de ese tipo de pensamientos llega el tercer trimestre y los exámenes finales y de repente has terminado. Has terminado primero de bachillerato de Ciencias de la Salud sin problemas, sano y salvo, con más gente a tu alrededor que con la que entraste, y con un largo verano por delante para descansar.
Pero antes te tienen que dar las notas. Un 33,33% del trabajo estaba hecho, sólo quedaba segundo y PAU. Pero, ¿y si las notas no son como esperaban? Y pasó, pasó que no fueron tan buenas como yo esperaba y me hundí. Jamás había estudiando tanto. Me lo había currado. Había echado el resto en los finales. Y eso no se reflejaba en mis notas. Estaba dolido. Pero, a veces, Dios, el Espíritu Santo, tu madre, el director o un profesor que siempre está despistado hasta que deja de estarlo te dice 'Hey, a mí no me salen las cuentas'. Y pasa que donde ponía un nueve debería poner un diez y donde pone un ocho, un nueve, porque a veces, aunque no lo queramos admitir, la tecnología y los dedos humanos fallan. Y terminé primero de bachillerato con un nueve de media. Feliz pero también con una cierta espinita clavada y una vocecilla que me decía 'Aprieta, aprieta, el año que viene aprieta todo lo que puedas para que, en caso de que al final salga mal la cosa, nunca te puedas arrepentir de haber no estudiado más' Y eso hice. Elegí mis asignaturas para el año siguiente. Me decanté por la famosa 'doble vía' (mates, física, biología y química) algo criticado por los famosos buitres. Pero, y esto os lo digo con total sinceridad, elegir la doble vía ha sido una de las mejores decisiones que he tomado.
Y así acabé primero de bachillerato.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)