Cuando vas a empezar 2º de Bachillerato todo el mundo lo pinta como 'El peor curso de tu vida' o también 'El curso en el que todo el mundo te citará la Selectividad veinte veces al día'. Un tópico. Pero, siempre hablando desde mi experiencia personal, segundo de bachillerato ha significado para mí el curso más vibrante, más emocionante, más duro y más divertido de mi vida. Ha sido un punto de inflexión. Ha sido el momento en el que he dejado de no creer en mí. Y me ha ido muy bien haciendo eso.
El verano, no os lo negaré, fue difícil. No lo considero un buen verano. Pero el curso llegó, nuevo, como si fuera un regalo, envuelto en bienvenidas, idas y venidas de profesores y sobre todo, lleno de nerviosismo, mucho nerviosismo. Cuando comienzas segundo sabes lo que te espera al final. Cosas buenas y cosas malas. Te espera la graduación, te espera la recompensa a todo tu trabajo, te espera el mejor verano de tu vida. Pero antes de eso, viene la PAU. Temida PAU. Temida e ignorada PAU.
Como os comenté en el anterior post, elegí, un poco a lo loco pero tras darlo muchas vueltas, la opción de la doble vía. Me cambiaron de la clase de salud a la clase de tecnológico ya que tenía física y los horarios, sino, serían incompatibles. Estuve en clase con muchos de mis amigos y menos mal, pero también he tenido que aguantar mucho. La doble vía no es sencilla. Es accesible y no soy de los que dice que 'es sólo para buenos alumnos', eso es falso, cualquiera puede hacerlo, pero no es sencilla. Es muy dura. Y muy exigente. Como dije también en el anterior post, coger la doble vía ha sido una de las mejores cosas que he hecho. ¿Las razones?
En primer lugar, soy un persona a la que le gustan los números, los problemas, la lógica. Eso es muy importante pues aunque matemáticas y física, asignaturas inexistentes en la vía sanitaria de bachillerato, tienen alguna parte teórica, todo gira en torno a problemas. No me gusta estudiar de memoria. No me gusta aprenderme tochazos y soltarlos en un examen. Por eso cogí esas asignaturas. La opción de CTMA no me llamaba en absoluto. Además, si cogía esa vía, tendría que hacer una optativa que en mi caso era obligatoriamente economía de primero de bachillerato, una asignatura poco útil, pues no te puedes presentar por ella en la PAU.
Otra de las razones por las que elegía la doble vía fue la gran cantidad de puertas que se me abrían. Al fin y al cabo, al estudiar esas asignaturas, se me abrían las puertas tanto de carreras del ámbito de salud(a las que yo quería acceder) pero también carreras dentro del ámbito tecnológico, que no descartaba en absoluto como plan B si no conseguía nota para hacer medicina.
Otra razón es que la clase del biológico había degenerado mucho, la gente se peleaba por las notas, había malos rollos y prefería cambiarme a una clase un poco más 'gamberra' pero mucho más interesante y feliz.
Además, como he dicho, muchos de mis amigos estaban en el tecnológico y mi novia también decidió coger la doble vía por lo que problemas con la nueva clase no es que fuera a tener.
Al principio fue todo muy difícil. Mientras había compañeros que podían relajarse con asignaturas optativas, tú estabas siempre de la ceca a la meca, de allá para acá, que si física, que si biología, que si química... Mucha gente no era muy receptiva a la doble vía y siempre, a los de esta opción nos han tachado de enchufados. Son cosas que hay que sufrir, a no todo el mundo le puedes caer bien. Mientras tengas un objetivo claro, esto te tiene que dar completamente igual. En mi caso, yo sabía que quería hacer medicina. Sabía que tenía que estudiar. Y lo hacía. Sabía que las buenas notas no eran fruto de ningún tipo de enchufismo sino de mi esfuerzo. Y mientras tú, como estudiante y como persona, tengas claro eso, que digan lo que quieran.
Pasó el primer trimestre y las notas no fueron malas. Sabía en qué tenía qué subir y en qué mantenerme. Y así lo hice. A pesar de querer ir a mi rollo, muchas veces me he sentido tentado a discutir con alguien por esa estúpida competitividad insana que algunos llevan de serie. Sacaba buenas notas y la gente de mi alrededor se alegraba, pero no toda. He perdido amigos porque no aceptaban que sacara buenas notas. Y no es que ellos las sacaran malas, en muchas ocasiones eran iguales, pero hay gente, que por desgracia, no le basta con eso. Como digo, he perdido amistades por eso, no quería a gente así a mi lado. Lo peor de todo es que una de esas amistades era alguien de toda la vida, un chico que siempre ha sido de sobresalientes y que en el instituto no destacó. Me intentó hundir bastante pero no, a esas personas hay que mantenerlas lejos.
Entre este tipo de historias, el segundo trimestre pasó, mucho mejor que el anterior. Y cuando llegaron las notas yo estaba muy contento. La promesa que me hice a principio de curso, aquella de dar todo de mí para después no poder arrepentirme, estaba dando sus frutos.
Pero segundo de bachillerato no da un respiro. La materia es muy amplia pero hay que darla toda, pues toda cae en PAU. Así que cuando me quise dar cuenta estaba en el tercer trimestre, casi terminando. Tuve que hacer bastantes exámenes finales. Y, un día, nos citaron a todos para darnos la nota y en ese momento tuvo lugar la gran sorpresa del año. La verdad es que no podía haber tenido mejores notas, y es verdad, no se podía tener notas más altas. La media de bachillerato me salía un nueve y medio y todo iba viento en popa. En este momento es cuando te acuerdas de mirar atrás y recordar todos los momentos en los que dudas de uno mismo, en los que llegaste a pensar que esos comentarios de esa gente dañina eran verdad. Segundo de bachillerato me enseñó que si yo soy consciente de lo que soy capaz de lograr, ¿de qué dudo?
Obviamente, la carrera de obstáculos hasta alcanzar mi sueño no acababa ahí. La PAU, sigilosa, estaba más cerca que nunca aunque no lo negaré, las notas me ayudaron a motivarme, a pegar el último sprint, a pegar el salto e intentar amarrarme a lo que yo quería alcanzar: medicina.
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